Confesiones de un triatleta viejuno (2ª. Parte)

Bueno, hemos llegado al final de la segunda temporada. Lo que parecía una locura de cuarentañero, al final parece que va para largo. Ahora toca revisar lo que hemos hecho y lo que haremos en el futuro, que con la poca disponibilidad que tenemos, no es fácil; hay que ver siempre cómo acomodarnos al trabajo y sobre todo a la familia para no romper nada. En fin, somos Maldans, nuestra historia con el Triatlón será siempre como mantener el equilibrio en una cuerda y haciendo malabares con mil cosas sin que se nos caiga nada.

Yo acabo esta temporada con varias conclusiones:

Soy muy torpe con la bici. Pues sí, lo tengo que admitir, esto creo que es lo que más tengo que mejorar. De pequeño me acuerdo que en el pueblo hacíamos rampas para hacer saltos, nos pasábamos el día haciendo el caballito y no nos pasaba nada. Ahora, cualquier despiste que tengas, lo puedes pagar caro. En el tri de Ondarroa, bajando de Ispaster a Lekeitio, una curva muy cerrada que no conocía y no la vi hasta que estuve encima, la tuve que tomar por el interior y en cuanto clavé los frenos, la bici me derrapó y me fui de frente. Según se acercaba la pared de hormigón creo que pensaba en si a alguien se le habría ocurrido la genial idea de poner un colchón para prever que algún torpecillo como yo se pudiera ir derecho. Dentro de los Maldans tenemos varios ilustres castañazos, como el que se hostió en el Ultra del Sobrarbe y acabó la carrera con una costilla fisurada y algo más; o el que le gusta tanto Zaldiaran que ya se ha ido al suelo varias veces; o el que se dejó parte de piel en la carretera del tri de Zarautz y acabó como si fuera un extra de Juego de Tronos (sí, soy un poco friki); pues bien, ahora ya hay otro que se ha empotrado contra una pared de hormigón. Bueno chicos, ya está bien, ya no hacemos más de estas, ¿de acuerdo?

Otra conclusión es que entrenando con regularidad se progresa mucho más… ¿estoy oyendo risas?… pues sí, semejante deducción de lumbreras, me ha costado 2 años de entrenamientos en los que faltaba bastantes días, y casi ninguna semana podía completar todos los entrenamientos. Durante agosto y septiembre he entrenado con regularidad la natación y la bici y eso se ha notado.

ondarroa

Aquí os dejo un par de foticos de Ondarroa, una en el que me pillaron justo cuando salía de la alfombra y me daba cuenta que el empedrado de las calles no está hecho para mis pies… y otra en la que se me ve meditando al paso por el puente (créditos a mi mujer… gracias Txurri!)

Para terminar ya con el repaso, después de Ondarroa me he quedado bastante satisfecho, he conseguido hacer bien la natación por primera vez sin desviarme (manda huevos que tarde 2 años en aprender a nadar recto y a seguir bien las boyas) y en la bici me encuentro cada vez mejor. Además, parece que el Tendón de Aquiles me responde y después de 2 años sin poder entrenar la carrera, ahora ya voy a poder. Este año he tenido que volver a rehabilitar el Tendón de Aquiles en el potro de tortura, perdón, en la máquina de Ondas de Choque, ya sabéis, esa que tiene un martillo que te suelta 10 garrotazos por segundo hasta llegar a 2.000 garrotazos, y que después de llevar un rato con un dolor del copón, te dice la enfermera: “ahora te va a doler” y entonces ya directamente te cagas por las patas. Bueno, pues creo que eso ya se ha acabado y podré volver a trotar por la campiña.

Así que este año ya sólo queda entrenar más…

¿¿¿Cómo??? Entrenar más? Me estoy volviendo loco… de verdad quiero entrenar más? Pues no, es algo que he estado pensando estos días y tengo claro que estoy aquí para divertirme y que el día que deje de divertirme y se convierta en una obligación, dejaré de hacerlo. Ahora mismo estamos un grupo cojonudo de gente, nos lo pasamos muy bien, conseguimos compaginar el triatlón con la vida familiar y salimos más o menos airosos.

Además, sigo teniendo claro que me considero un afortunado: tener 42 años y poder hacer un deporte tan exigente como éste es un auténtico lujo. Deberíamos dar gracias a alguien, no sé si a la madre que nos parió, pero a alguien seguro, por poder estar entrenando, compitiendo y sobre todo, disfrutando. Está claro que a todos nos gustaría poder cambiar o mejorar algo de nuestro cuerpo (yo estoy pensando en trasplantarme la cabeza pero todavía creo que no se puede) pero creo que podemos darnos por más que satisfechos con lo que nos ha tocado en el reparto.

Así que este año, seguiré entrenando lo mismo, pero intentaré hacerlo con más regularidad y planificarme mejor (ya os digo que mi problema está en la cabeza) y por supuesto… IRÉ A TODAS LAS CENAS!

Si al final, tengo mejores resultados, bienvenidos sean… pero lo que estoy seguro es de que por el camino me lo habré pasado muy bien.

Aitortxu

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