Confesiones de un triatleta viejuno: ilusiones, ganas y realidad

Otro año más, y van cuatro. Parece que fue ayer cuando empecé a entrenar con un montón de ilusión, mucho desconocimiento y muchas ganas. El desconocimiento sigue, algo he aprendido pero no mucho; la ilusión sigue intacta, y las ganas de entrenar a veces hay que buscarlas porque no es fácil compaginar nuestra vida con el triatlón (luego hablaré un poco más de esto)

Este año, los Maldan cumplimos 5 añazos, así que la celebración de San Maldan se prevé apoteósica, además de que este año han pasado muchas cosas:

  • Aitor Susoman hizo el IronMan de Klangenfurt en Austria y le tuvo acojonado a Frodeno!
  • Oscar se metió entre pecho y espalda el Full de Vitoria con un tiempazo (qué grande eres, y eso que antes de la salida tuviste que visitar varias veces a Roca por los nervios…). Me alegré muchísimo porque después de varios años con lesiones o golpes, este año sí que has podido hacer la temporada completa sin lesionarte.
  • Huguillo, nuestro Kaiser ha hecho el primer podio de un Maldan en Grupo de Edad en un Tri individual (excluyendo a Hektor, que no cuenta para estos rankings)
  • Ha sido el primer año de su vida en el que Fernando no ha hecho un Tri… ¿volverá?
  • Vamos a conseguir que Txusmita haga un Tri (el de Senpere no cuenta)
  • Hemos ampliado nuestro área de acción y ahora le pegamos a todo: Hiru Haundiak, travesías a nado, Swim Run, Marchas BTT eXtrem, y todas las Gran Fondo que se nos ponen por delante: Quebranta, Orbea, Mussara, Vitoria,… algunas ya hacíamos antes, pero es que este año hemos hecho de todo!

¿Y yo? ¿Qué he hecho este año? Pues lo que más me ha divertido es que estuve en el Half de Vitoria de paparazzi y me permitió ver la otra cara de un Triatlón: ves nervios, ves despistes, intentas ayudar en lo que puedes (fundamental llevar recambios de Kleenex para los apretones de los colegas…), pero sobre todo, ves muchas sonrisas y muchos abrazos. Es alucinante la cantidad de gente que se reencuentra en un triatlón y cómo se desean suerte, se explican detalles de la natación, algún truco para la bici,… sólo aparecer con una cámara y rápidamente se agarraban para tener una foto de recuerdo. Eso es bonito. Muy bonito. Más allá de los números y del sufrimiento, disfrutar con amigos, reencontrarte, charlar,… me di cuenta de que eso es lo más importante.

Aquí tenéis unos pequeños recuerdos de este Triatlón, empezando, cómo no, con los Maldan.

 

Los Maldan en el Tri Vitoria 2017

Los Maldan en el Tri Vitoria 2017

Y también saqué fotos del resto del mundo

 

Triatletas amigos en la salida

Triatletas amigos en la salida

Un tema controvertido, es la salida de la natación, que con 1.300 tíos echándose al agua a la vez, la verdad es que impresiona y queda muy chulo en las fotos, pero no sería mejor ir haciéndolo por parrillas de salida cada pocos minutos para evitar tortas y aglomeraciones? Cuando estábamos en la orilla , vimos salir del agua a 4 triatletas, tristes, doloridos, quizá no por el dolor físico sino por no poder culminar muchos meses de entrenamiento y muchas ilusiones… en fin, supongo que eso es algo que se revisará a futuro.

Aquí tenéis la salida de los del Half

Entrada Natación Half

Entrada Natación Half

Y aquí las del Full

Entrada Natación Full

Entrada Natación Full

Los Maldan calentamos hasta haciendo Sumo!  ;-D

Maldans Calentando

Maldans calentando Sumo bajo la atenta mirada de Hektor

En la carrera a pie, me quedé en la zona del Parlamento para poder animar sobre todo a mi hermano y a mis amigos como se merecen. Y pude ver unas cuantas escenas que recordaré toda mi vida. Como cuando pasó un triatleta paralímpico con una prótesis en la pierna derecha, del muslo para abajo, su nombre: Daniel Molina. Si en un Half te duelen las piernas en la carrera, no quiero ni imaginar lo que tienen que doler con una prótesis, y el impacto continuo en la cadera, la descompensación de la espalda, etc… no puedo ni imaginarlo. Tiene un mérito tremendo.

O como cuando pasó Victor, un triatleta madrileño, que casualidades de la vida, conocí en el pantano de Landa, cuando hace unas semanas estuvo con su amigo Julián 2 días reconociendo el circuito del Triatlon y yo iba a nadar sólo y al final acabamos haciendo juntos el recorrido de la natación. Esta es una de esas casualidades de la vida que el Triatlon te ofrece de conocer gente que de otra forma nunca conocerías. Ahora nos seguimos en Strava. Victor pasó por el Parlamento andando porque se le subían los gemelos y ya no podía correr más. Traté de animarle andando un poco a su lado, cuando en ese momento todo el público se dio cuenta de sus problemas y arrancó en un aplauso espontáneo que creo que le pusieron los pelos como escarpias. Que alguien se venga desde Madrid, dedique dos días de su vida a reconocer el terreno de un triatlón, entrene muy seriamente (lo sé por el Strava) y que luego en el triatlón tengas un fallo muscular, no es justo; pero por lo menos pudo acabar, y estoy seguro de que acabó con una sonrisa. Además, el público supo reconocer su esfuerzo con un aplauso de primera.

Algo parecido (pero con mejor final) le pasó a mi hermano. El año pasado se cebó en la bici y al kilómetro 4 de la carrera se le bloquearon las piernas y se cayó al suelo incapaz de levantarse. Evidentemente no pudo acabar. Este año, tras aprender de sus errores, se había preparado concienzudamente con los entrenos y sabía que tenía que dosificar algo más y tener más controlada la hidratación y el aporte de sales e hidratos. Pues bien, la misma semana del Tri, estuvo 3 días con diarrea y justo los días antes, con una faringitis que casi no le permitía respirar. Cuando íbamos hacia Landa, el día fatídico, tenía una cara que parecía un poema. No creí que fuera a acabar, porque además los últimos meses le había aparecido un dolor en las rodillas bastante preocupante y que no le permitió entrenar bien la carrera. Es muy duro entrenar todo un año para algo que por problemas de salud ves que tu ilusión se te puede escapar.

Pues bien, cuando estaba esperando en el Parlamento, no sabía si iba a aparecer. Recordaba su cara antes de la salida, esa sonrisa casi forzada, como de autoconvencimiento de que estás bien pero sabes que estás jodido, y no estaba nada seguro de que fuera a llegar. Y de repente, apareció. Me puse como loco a pegar gritos animándole: “venga tato!! Eres el puto amo!! Ya lo tienes hecho, tu primer Half!!!” y otras barbaridades que ya ni me acuerdo. Me puse a su lado y me dijo que tenía las piernas destrozadas, que no sabía cómo había llegado hasta allí. Pero allí estaba. Con un par. Había sido capaz de dosificar, de utilizar la cabeza parando al cuerpo, y de resistir con muchos cojones cuando las piernas le empezaron a fallar. ¿y qué tiene más mérito? Hacer un Half como él podía haberlo hecho en 4:50 o menos si todo hubiera ido bien, o hacer 5:09 después de una semana de perros, y sobreponiéndose frente a todo para conseguir cumplir tu sueño. Tengo que reconocer que se me cayó alguna lagrimilla.

Dentro de mis Maldan, también vi mucho sufrimiento, en algunos más que en otros, se notaba que no iban bien. Pero todos acabaron. Fue genial, llegaron todos, Hugo, Txema, Arkaitz, Javi, Alain, Iñigo y Raul. A Oscar no le pude ver llegar en el Full.

Cuando ves tanto esfuerzo, sufrimiento y dolor, empiezas a pensar sobre dónde nos lleva esto.

Todos nosotros tenemos unas circunstancias con las que tenemos que vivir y que hacen que el conseguir entrenar un día, a veces sea un auténtico ejercicio de convicción, ganas y fortaleza mental. Si no es el trabajo, es la salud, o las lesiones, o simplemente que quieres dedicar tiempo a tu familia porque a veces los tenemos un poco abandonados.

Cuando ves a la gente terminar el triatlón, no puedes saber las dificultades que cada uno ha tenido que pasar para poder estar ahí. Pero te las puedes imaginar. Todos tenemos nuestras propias circunstancias y tenemos que aprender a vivir con ellas.

Eso nos lleva a lo que empecé a plantearme aquel día: ¿por qué nos agobiamos con los Wattios, VO2, pulsaciones, ritmos…? En este mundo en el que casi todos estamos en Strava e inevitablemente comparamos nuestros tiempos, y nos volvemos más competitivos,… ¿realmente es importante el tiempo que haces en una prueba? O no es mejor valorar el esfuerzo que te ha llevado a llegar hasta allí, disfrutar de la compañía, disfrutar por el simple hecho de ser capaz de hacerlo… si queremos estar presionados por los números, ya tenemos nuestros trabajos; ¿qué necesidad tenemos de trasladarnos esa presión a los entrenamientos y a las pruebas?

Entendedme bien, no hablo de olvidarnos de los relojes y los tiempos, pero yo creo que todos sabéis a qué me refiero, porque la frontera entre la medición del tiempo y la obsesión es muy estrecha.

Un muy amigo mío Maldan me confesó en la ducha (sí, se cuentan muchas confidencias en la ducha) que estaba muy desilusionado este año por estos temas y que por eso no iba a hacer ningún triatlón.

Cuando enlacé esa confesión con lo que vi en el Half llegué a una conclusión: yo espero poder seguir practicando este deporte muchos años, con mis circunstancias, mi trabajo, mi familia, con mis maltrechos Aquiles… pero sobre todo, espero llegar siempre con la misma sonrisa que vemos en las fotos que saqué a la gente en la salida, y las ganas de abrazar a los amigos, de desearles suerte y de disfrutar de todos esos momentos, disfrutar incluso de ser capaz de superar el dolor para alcanzar una nueva meta.

Cuando llegas a meta, si sólo te fijas en que no has conseguido el tiempo que te habías marcado, pierdes la sonrisa. Y lo importante precisamente es eso: la sonrisa.

Aitor

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